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Tiempo suspendido.

Actualizado: oct 5

Por Jerónimo Zoe Serna.


¡¡De repente ! ... casi de un día para otro, nos enteramos que no podemos salir de casa, que el 90% de nuestras actividades diarias quedan suspendidas, junto con la sensación misma del tiempo.

¿Qué hacer ahora con esta prolongación de momentos en los que aparentemente no hay nada que hacer?

Podríamos enlistar cosas que no nos habíamos dado el tiempo de resolver, o simplemente no hacer nada por algunos momentos, sin embargo en esta segunda opción ¿por qué limitarnos a ver el tiempo pasar? Cuando nos podríamos proponer el intentar escucharlo, sentirlo, olerlo o incluso si queremos ir más lejos, intentar comprenderlo, es decir:


¡Darnos tiempo para descubrir qué es el tiempo!


Pero cómo hacerle para encontrarnos directamente y de frente con él, descubrirlo así tal cual sin leer nada que se haya dicho antes, sin que nos lo tuvieran que presentar en una conversación elaborada y filosófica o a través de ecuaciones y parábolas inexplicables, ¿acaso sería factible?

Posiblemente lo primero sería dejar de creer ciegamente que el tiempo simplemente pasa, porque de ser así, la tarea sería intentar alcanzarlo, y sabiendo que es infinito no sabríamos ni por dónde empezar; o tal vez, nos la pasaríamos preguntándonos de dónde viene y a dónde va, comenzaríamos a sentir que intentar encontrarlo es una pérdida en sí del mismo tiempo. Sin embargo ahora ya nos han surgido otra serie de preguntas: ¿por qué sentimos que el tiempo se acaba, o se pierde?, ¿cómo es que se obtiene en primer lugar? y ¿cómo es que cada quien tiene su propio tiempo? No hemos intentado nada aún y ya nos hemos sumergido en un laberinto interminable de preguntas en el que pareciera que estamos hablando más bien de algo parecido al dinero.

Así que investiguemos un poco más al respecto: una referencia muy conocida por ejemplo es la de Benjamín Franklin, quien afirma en su libro Consejos a un joven comerciante: "El tiempo es dinero"; revelándonos, más allá de su contexto meramente pragmático, una de las características fundamentales de nuestra forma de ver la vida y que en el fondo es una de las tantas tergiversaciones que inadvertimos en el uso de las palabras, pues independientemente del significado que cada quien pudiera tener sobre el dinero, nos encontramos más bien ante una trampa en la fenomenológica misma del lenguaje. Como explica Nietzsche: de entre las ficciones con las que se construye la verdad (entendida como una simulación del mundo aparente) tiene especial impacto la ficción lingüística. "Por un lado, el lenguaje -pero también cada lengua- es una trampa que nos impone una cierta interpretación del mundo..." (1).

Así es que ahora nuestra investigación sobre el tiempo se convierte en una búsqueda de pistas históricas, es decir en "otros tiempos", de cómo fue que terminamos percibiendo al tiempo como un ente material, incluso como una posesión. La filosofía en definitiva es en este caso una herramienta muy útil que nos puede ayudar a encontrar algunos puntos en común que develen las posibles causas de este enredo.


Comenzaremos retomando a Nietzsche, enmarcando su crítica sobre el uso de una moral universal en donde podemos ver nuevamente, pero ahora con más claridad, que consideraba el uso de la palabra verdad (o verdades) como un recurso simplista y superficial que tiene la finalidad de justificar posturas que en realidad son particulares y que emancipadas por la voluntad de poder, pretenden configurar nuestra realidad total, resultando así un cuestionamiento vital que nos plantea de la siguiente manera: "¿De dónde sacamos nosotros nuestro saber, o, más exactamente, nuestra creencia de tener ese saber?"(2)

Al reconocer esta tendencia impositiva de cómo definimos nuestra realidad, ya no es difícil concebir esta traslación de significado del concepto dinero al de tiempo, pudiendo notar también un paralelo muy cercano a la traslación del concepto tener a la del ser. Fruto sin duda en ambos casos, de haber desarrollado una concepción sumamente materialista de la vida. Encontramos en reflexiones como la del filósofo francés Gabriel Marcel, en la que el ser está completamente ligado a su forma material, concibiendo que incluso las ideas más existencialistas parten de nuestra vinculación con nuestro propio cuerpo “la visión existencial de la realidad no parece poder ser otra que la de una personalidad encarnada; en la medida en que podemos imaginar un entendimiento puro, no hay para éste posibilidad ninguna de considerar las cosas como existentes o no existentes” (3)

Desde otro ángulo, en un contexto más general, nos descubrimos inmersos en esta forma de vida capitalista que se ha adoptado ya prácticamente en todo el mundo, acostumbrándonos de manera casi automática a la inercia por definirnos constantemente según nuestro poder adquisitivo, midiendo todo en términos de éxito o fracaso y en relación a un supuesto sistema meritocrático que se ha ido asumiendo como tal a través de discursos políticos que buscan justificar irónicamente su retórica sobre el bienestar individual e independiente, cuando en realidad nunca encontraremos a través de este concepto una medida justa ni un balance propio, es decir que es completamente relativo.

Así pues, hasta este punto, pareciera que hemos vivido en un confinamiento desde mucho antes de lo que creíamos, pero en uno mental, al tener que asumir verdades relativas y definiciones aparentes para poder ser partícipes de esta sociedad, acatando normas y formas de pensar que simplemente no nos cuestionamos.

Las evidencias están ahí al alcance de todos, así como las pistas que nos han dejado seres humanos geniales en áreas del desarrollo humano tales como la ciencia, el arte la espiritualidad, la filosofía, la educación, entre otras, y que muchas veces han sido revolucionarios para su época. en el caso de la filosofía si vamos un poco más atrás en la historia llegaremos irremediablemente a Aristóteles quien en su explicación sobre el ser accidental nos advierte de cómo las causas de su existencia carecen de cualquier orden y que siendo infinitas a la vez (4), están subordinadas a una causa final la cual es el azar, siendo éste el fundamento de todo lo que se produce en la naturaleza y en el pensamiento, como punto de conexión con el ser sustancial ("el ser en sí") y es que hasta el enfoque más intencionado y planeado que pudiéramos formular, tienen sus causas originarias en el mismo azar, que Aristóteles describe como impenetrable a la razón humana.

Es difícil saber con todo esto si nos hemos desenredado o enredado aun más, sin embargo al toparnos con esta gran limitante de la imposibilidad por comprender el azar (que es la esencia misma del tiempo y del ser), lo que sí podemos advertir es como a través del desarrollo del status quo actual, específicamente dentro de la cultura occidental, hemos heredado una postura egocéntrica que se mantiene en constante conflicto con la propia naturaleza de la vida, como si se tratase de una tendencia transgresora incluso para sí misma o la manifestación inmanente del caos que se presenta paradójicamente a través de la necesidad por ordenar nuestra realidad.



¡¡Darnos cuenta de ello se convierte ahora en la necesidad por encontrar una cura a este conflicto inagotable!! Como si se tratase de un virus mortal, del que no hay escapatoria. Pero tal vez la solución se encuentre al no poder descartar que existe una unidad más allá de lo aparente que, magnificente en su armonía es de un orden incomprensible, y que está presente en todo lo que nos rodea y asimismo en nuestra propia naturaleza como individuos, de hecho si atendemos al significado mismo de la palabra nos podemos voltear a ver como un todo completo, una unidad que funciona en armonía independiente y al mismo tiempo en interdependencia con los demás.

Esta parece ser una línea de pensamiento mucho más amena en la que encontramos a pensadores como Boecio quien incluso atañe al concepto de individuo el principio de la esencia y el ser, como componentes complementarios e inseparables de toda realidad.

En resumen parece que hablar de realidades es más asertivo que hacerlo de una sola, sin dejar de entender que hay una unidad común en todas y que indudablemente está más allá de la razón, llegamos así finalmente a nuestra apoteosis filosófica y a plantearnos al fin una posible salida del enredo en el que nos hemos metido, volviendo con Nietzsche, quien en su planteamiento de la construcción de un nuevo lenguaje, nos invita a encontrar uno más cercano a la metáfora en donde es inevitable reconocer el valor experiencial del arte, pues mientras que el lenguaje conceptual pretende ser un fiel reflejo de la realidad (quedando petrificada en él) el lenguaje metafórico respeta la disconformidad y el movimiento de la realidad (5) sin descartar el valor del lenguaje conceptual pero acotando su función a la lógica y el ordenamiento sistemático.


¡Vaya que podemos llegar algo lejos si resignificamos esto que llamamos "no tener

nada que hacer"! Sobre todo en estos tiempos tan peculiares que nos han tocado vivir, en medio de una emergencia sanitaria, que vista desde otro ángulo no es más que otra forma de experimentar el azar, una que en particular nos está invitando a reflexionar y replantearnos muchas cosas. John Eliot Gardiner, en una reciente entrevista nos cuenta que antes de la pandemia, solía pensar que nunca tenía tiempo para reflexionar realmente de una manera profunda y darse la posibilidad de sumergirse en sí mismo, poder redireccionar los pensamientos que generalmente están ocupados por el constante flujo de actividades al que estábamos acostumbrados a vivir: "son tiempos de recogimiento y por lo tanto también de auto-descubrimiento, en donde la necesidad de encontrar conexiones más significativas ha cobrado mayor importancia" y es aquí que el arte tiene muchísimo qué ofrecer.

Ojalá que este tiempo suspendido pueda de alguna manera ayudarnos a notar la necesidad de este nuevo lenguaje, no cabe duda que tendremos que voltear a ver al arte más seguido para poder dar cabida de alguna forma a su nacimiento, o al menos mitigar un poco el miedo por conectar de una forma más profunda con la vida, sobre todo con su equivocidad, su ambivalencia, su expresión libre y misteriosa que siendo incomprensible no nos queda más remedio que rendirnos al poder de su belleza.


(1) Le Gai Savoir, Oeuvres philosophiques completes, t. V, Gallimard, París, 1982

(11 /12)

(2) Crepúsculo de los ídolos, Alianza, Madrid , 1973 ("La 'razón' en la filosofía" y "Cómo el `mundo verdadero' acabó convirtiéndose en una fábula). (pág. 64-65)

(3) Cfr. Gabriel Marcel, Ser y Tener, Madrid, Caparrós, 1996 (pág.20)

(4) Τυχη. Véase Physic. auscult., II, 4, 5, 6; Bekk., pág. 195

(5) Fouce, J.M., La filosofía de Nietzsche - "3. La nueva filosofía", webdianoia.com, (25 de

septiembre de 2002), URL = <https://www.webdianoia.com/platon/platon.htm>

Arbolea en la Biblioteca México.


Jerónimo Zoe Serna. Comenzó sus estudios formales de música estudiando piano en Escuela Libre de Música, posteriormente composición y etnomusicología en la Escuela Nacional de Música del 2004 al 2012 y música de indonesia (gamelan) con el grupo indra swara (siendo miembro activo de la agrupación del 2006-2009). Ha participado en conciertos y festivales como Cumbre Tajin , Nao fest , Festival Internacional Cervantino, el Bocafest, Festival internacional de Puebla, festival Tamoanchan de World Music, Festival internacional de Huatulco, Sat Nam Fest, entre otros.

Jero ha colaborado con Teatro Entre 2 desde el 2013 con la música de El Principito pintado y más recientemente con la puesta en escena de La descarga aun no se ha completado. Actualmente se encarga de la composición y dirección musical de Funeral sobre ruedas un cortejo fúnebre que se prepara a salir a la luz a inicios del mes de noviembre.


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